En el corazón de las Islas Canarias, y muy especialmente en Gran Canaria, late con devoción el culto a la Santísima Virgen del Pino, patrona de la isla desde el año 1534 y venerada como protectora del pueblo canario. Su santuario, es un lugar de peregrinación, tradición y profunda espiritualidad, donde miles de fieles acuden año tras año para rendirle homenaje, agradecer favores o simplemente buscar consuelo en su mirada serena.
La historia cuenta que la imagen de la Virgen fue encontrada en torno al año 1481 en la copa de un gran pino —de ahí su nombre— por un pastor, en un paraje que hoy es el epicentro de la fe grancanaria. La talla, de estilo gótico tardío y apenas 40 centímetros de altura, representa a la Virgen con el Niño Jesús en brazos, ambos con expresión dulce y majestuosa, envueltos en el misterio de lo divino manifestado en lo sencillo.
La Virgen del Pino no solo es un símbolo religioso, sino un pilar cultural e identitario. Su festividad, celebrada cada 8 de septiembre, convoca romerías, música tradicional, bailes folclóricos y la degustación de productos típicos, en una fusión perfecta entre lo sagrado y lo popular. Las calles de Teror se llenan de color, flores, banderas y el aroma del bienestar compartido.
Desde el Hogar Canario Venezolano, honramos a nuestra Madre del Pino como faro de unidad, esperanza y arraigo. En tierras venezolanas, su recuerdo nos une a nuestras raíces, nos fortalece en la distancia y nos recuerda que, más allá del mar, siempre hay un hogar que nos espera bajo su manto.

¡Viva la Virgen del Pino! ¡Viva Canarias en nuestros corazones!



